Banquete de la vanidad

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Dibujos
Acerca de la obra

El Banquete de los poderosos es el fracaso de nuestras democracias.

 


EL BANQUETE AL QUE LOS OLVIDADOS NO ACUDEN

Las bestias de nuestro circo cotidiano
juegan en la mesa donde echamos
los restos abandonados de nuestros despreocupados banquetes,
presos de la desatendida enfermedad del olvido.

Mientras, vuela bajo el ave negra
que sirve de presagio para nuestro funeral.

Esas bestias comen de nuestras entrañas
a través del dolor de los olvidados,
aquellos que siempre sobran pues no tienen ya ni vida ni muerte;

Entretanto, el reflejo de los gritos apagados
se fragmenta en el escaparate de Las Rebajas,
en el almacén de la estética donde se apilan frenéticamente los cadáveres maquillados,
donde maniquíes, torsos, ombligos, arlequines, tersos vientres musculados y falsas sonrisas dibujadas
se amontonan como los neumáticos de una obsesiva carrera sin meta,
buscando una ovación nunca suficiente.

Así, las bestias del Ego, ciegas del exceso, eternamente insatisfechas,
deambulan sin saber ni de dónde vienen
ni hacia dónde van.
Ese Ego siempre se descubre frente al aplauso,
su voz y sus obras siempre festejan su triunfo sobre la propia vida
mediante el mórbido pasatiempo
en el que el individuo se confunde con la Masa,
reposando finalmente su alma y su mente en la indiferencia.

 


 

EL HAMBRE DE LAS CATEDRALES

Nuestras Catedrales

se alimentan de

la carne explotada

de nuestros inferiores.

 

Nuestras posesiones

pertenecen a la injusticia,

pues someten con su valor

a los que venden

aún con menos suerte y por debajo de nosotros,

su esfuerzo marchito y secuestrado

por los poderosos capataces del Liberalismo a los que servimos.

 

Nuestras Catedrales,

sometidas al aburrimiento moderno del exceso,

llenas de humo,

son ruinas doblegadas, estresadas,

atadas a la esfera estética y posesiva

del ladrillo y el acero hiriente,

su “riqueza” es el de la mentira,

el de las imágenes prometidas,

aquellas cuya sonrisa en nuestra cara,

rubrica la justificación

de nuestras acciones de rivalidad

y comparación,

quedando así desveladas las colinas

de nuestra propia decadencia participativa.

 


 

 

 

De mi Cuaderno amarillo de dibujos, 2017

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