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Dibujos
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Nuevamente el juego de máscaras sociales para cada ocasión.

Máscaras, poses, voces distintas para cada ocasión, para cada contexto, para recibir aplausos de diferentes públicos, para coronarme en cada ocasión.

Sé tú mismo o Atrévete a ser tú mismo, rezan y claman las omnipresentes voces de la publicidad y los infinitos discursos motivacionales, pero no hay nada más impresonal que pretender ser uno mismo, porque uno yá es uno mismo y por lo tanto, no tendría que interpretar ser para pretender ser lo que yá se es.

Pero hoy, en un mundo de espejos, donde la apariencia es el primer catecismo de la forma de vida y de relacionarnos en la sociedades desarrolladas actuales, la interpretación de los papeles sociales y las poses, inclusive la del propio yo individual, es un hábito inducido necesario.

 

La necesidad de la constante motivación

Cuando una sociedad precisa de tantos libros de autoayuda, autodescubrimiento y coaching de autorrealización, cuando los diseños, mensajes, presentaciones de powerpoint y vídeos motivacionales afloran y se diversifican a millares por mensajes, objetos, redes sociales, grupos, etc… , es que algo ocurre, algo le pasa a esa sociedad a ese conjunto que requiere de tanta ayuda para motivarse y seguir viviendo…

La respuesta está en que nuestra sociedad está encarcelada en su propia jaula, una jaula forjada por ella misma, por el conjunto social y todas sus relaciones y variables, y tiene la imperante necesidad de empapelar sus paredes de motivos y estampas agradables que le oculten sus barrotes. En el camino de la prisa, de la aceleración de producción, de la ansiedad consumista, el individuo social se ha perdido a sí mismo y la mayor parte de la gente ha perdido sus propósitos o búsquedas personales, sus motivaciones vitales y emocionales, o ha sido impedido para descubrirlas y por tanto para descubrirse a sí mismo.

 

Dedícate un tiempo para tí, lo mereces, reza otro de los millares de frases y apoyos motivacionales que se leen en decenas de foros y blogs de bienestar emocional. La razón de esta motivación es que, paradójicamente, en nuestro mundo desarrollado hemos perdido el tiempo para nosotros mismos, ya no tenemos tiempo para nada, la inercia sujeta en la aceleración de nuestras sociedades ha generado un tipo de pensamiento, de manera de pensar nuestras vidas, que genera al tiempo un estrés psicológico preocupante en la colectividad social.

Y en este aspecto también vuelve a entrar la motivación, vivimos una sociedad hipercompetitiva porque está inducida por una hipermotivación de la consecución de metas al tiempo que eso genera estrés, ansiedad, frustración y bloqueo frente a la complejidad y diversidad del mundo real y sus múltiples relaciones; esa inducción a la hipermotivación y a las constantes exigencias sociales, hacia la hiperrealización especialmente potenciada insistentetemente por la publicidad, lleva a la aceleración de los procesos y de nuestra forma de ver y entender nuestras vidas y, en consecuencia, a esa continuada falta de tiempo antes mencionada.

En los procesos de educación para con nuestros hijos es donde tendremos que procurar ir asentando otra manera de entender nuestras vidas y el mundo, otras velocidades y otras maneras de motivación emocional. Hoy día hay demasiados casos, cada vez más propiciados por nuestra inercia colectiva hacia la competitividad y el aplauso, de hiperproteccionismo e hipermotivación de los hijos. Motivar a un hijo no debe ser hacerle creer que es el mejor del mundo, sino animarlo a superarse y esforzarse, pero dentro de la realidad, a ser dueño y consecuente tanto de sus logros como de sus limitaciones y fracasos como parte del aprendizaje y de la asunción del autoconocimiento.

 


 

 

 

Extraido del aclamado Cuaderno negro de dibujos de 2016

 

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