La mujer Castrada

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Pinturas y Collages
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La mujer ha tenido un largo viaje de lucha y reivindicación hasta ir alcanzando derechos básicos en la vida social y activa de nuestras sociedades desarrolladas,

aún hoy sus reivindicaciones deben continuar, pues en muchos aspectos nuestras sociedades modernas, herederas de muchos de los antiguos cimientos sociales, económicos y políticos, de la tradición patriarcal, están todavía presas y sujetas de viejas convicciones y normas tácitas en el que la mujer no disfruta de la libertad y privilegios lógicos y naturales que le son por legítimo derecho. Aún hay mucho por hacer. Aún la mujer está presa de viejas ideas muy profundizadas en el adn histórico y cultural. La expresión más cruda de esta realidad es el continuo asesinato de mujeres por razones de género y el preocupante aumento de violaciones y abusos de carácter sexual. La violencia intrafamiliar y social contra las mujeres se ha recrudecido en los últimos años.

El derecho de las mujeres a la vida y a disfrutar un ambiente libre de violencia tiene que ser parte de la construcción de una sociedad que asegure, tanto para hombres como para mujeres, la posibilidad de que se desarrollen plenamente, no como simple carne de cañón de las empresas nacionales y trasnacionales explotadoras de mano de obra y de la delincuencia organizada, sino como individuos valiosos, como ciudadanos plenos.

Pero, en estos últimos tiempos tan confusos en tantos aspectos, con el ruido de información dispar y voces solapadas que se agolpan en los medios y redes sociales día tras día, la confusión, de los términos a defender y por los que luchar, está servida. Una tendente inclinación de corrección política por el superproteccionismo de la figura de la mujer a raíz del eco social y de la resurgente lucha feminista podría crear otro tipo de discriminación inversa.

 

 

El Peso emocional en la lucha por la igualdad

Lo primero decir, que no debería ser privilegio alguno para una mujer procurar lo que de negativo, abusivo y poco ético tiene el hombre, si el hombre se sirve de su agresividad activa y de su fuerza para obtener sus propósitos en la vida, no creo que objetivamente ese aspecto sea digno de imitación ni por la figura de la mujer ni por nadie, y el ojo por ojo que tanto se escucha en todos los medios no es la vía de solución, es tomar parte en la misma espiral de pensamiento que mantiene al mundo envuelto en la violencia. Lo que deben cambiarse son el conjunto de valores, la manera de pensar el mundo y nuestras actitudes tácitamente aprendidas y heredadas de ancianas y detustas estructuras anteriores que hoy tenemos la obligación de repensar. La violencia de género o la violación son sin duda alguna inaceptables, pero el pensamiento social está demasiado empujado y sometido por la carga emocional que es visceral e impulsiva y se aparta del análisis, y en este escenario de «linchamiento colectivo» es también difícil discernir y descubrir la verdad de los aconteceres. El ideario feminista debe sostenerse en posiciones en las que emoción e intelecto deben ir de la mano. No obstante, también decir que sin duda la Ley y las personas e instituciones que la regentan e imparten están muy lejos de proyectar luz, esclarecer la verdad y escuchar con justa empatía la voz de las víctimas. Sin duda alguna, me temo, estamos aún muy lejos de una sociedad evolucionada que esté adecuadamente preparada para dar solución a todas estas problemáticas y lo que sí queda claro también, es que la inmediatez, velocidad y agolpamiento de las voces, opiniones, titulares express y ruido mediático no ayudan a formar una sociedad más reflexiva ni una sociedad más justa. Es urgente empezar a contagiar otra velocidad y otra manera de mirar al mundo y sus aconteceres, la impulsividad que provoca el ruido y el desconcierto es una indignación apresurada que sólo empuja a los individuos a tomar juicios y decisiones apresuradas y sujetas a la visceral emotividad, y esto es aplicable a todas las partes. La cultura del enfrentamiento sólo provoca más enfrentamiento, la polémica sin debate es tan sólo la riña de patio de colegio o de una impulsiva reyerta carcelaria por el poder y la supervivencia, en el que el más fuerte o armado se lleva el bocadillo o la vida de los otros.

 


 

 

Collage y dibujo. Una pieza de mis collages clásicos que fue adquirida por un coleccionista privado en su primera exposición en la galería alemana, de Colonia, 1oo Kubik.

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