Mortajas simbólicas

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Mundo de símbolos

Vivimos en un mundo lleno de símbolos, desde los iconos que pueblan las pantallas de ordenador a las palabras que ocupan las páginas de los libros. Los seres humanos somos profundamente simbólicos y esto es parte intrínseca de nuestra capacidad para pensar y comunicarnos.

Pero no todos los símbolos son iguales ni se encuentran al mismo nivel. Los símbolos pueden ser considerados como banales, la palabra «frigorífico» o el icono de guardar un documento con forma de diskette. Nadie se escandaliza ni sorprende por el uso de estos símbolos que forman parte de nuestro día a día y que, sin embargo, están en el punto más bajo de la “escala de símbolos”.

En un segundo nivel más o menos light encontramos los símbolos sujetos a tabús, como pueden ser las palabrotas que una persona “bien educada” no dice. Estos símbolos pueden ser usados ocasionalmente y provocarán risa, o sorpresa, o incluso un cierto escándalo social, pero las consecuencias no suelen ser graves, salvo, claro está, cuando se emiten en forma de insulto o injuria.

Sin embargo, en el tercer nivel están los símbolos sagrados. Antiguamente podía tratarse del animal totem de una tribu; hoy en día la sacralización de los símbolos continúa vigente, quizá la relativización y los procesos de aconfesionalismo de los estados modernos haya aligerado la carga de los símbolos relacionados con creencias religiosas o rituales de carácter religioso relacionados con la fe, pero aún siguen siendo tabú y su utilización o exposición siguen manteniendo un peso específico que puede detonar una fuerte polémica o enfrentamiento según su uso.

A la vista está que los enfrentamientos bélicos y sociales más reseñables hoy en día siguen siendo sobre todo por motivaciones étnicas y religiosas relacionadas con la distinción entre simbologías y credos considerados sagrados por cada parte o facción.

En cualquier caso, en la actualidad, otros símbolos han ocupado el lugar de principal importancia y peso específico socailes: los himnos de los países, las banderas, las instituciones, las personalidades políticas o culturales, inclusive celebrities de distintos niveles de influencia, y por supuesto, y por su omnipresente presencia y poder de convocatoria consumista y poder económico, las Marcas.

De modo que, cuando alguien pita un himno, lo que mucha gente interpreta es una agresión contra su Estado, su identidad y su persona. En buena medida, como se ha dicho ya con anterioridad por muchos autores, la nación y el Estado se han convertido en el Dios de las sociedades modernas y secularizadas; los enfrentamientos y polémicas sociales y de Estado relacionados con las fiebres nacionalistas dan testimonio de ello, así como también las guerras y medidas represoras de los Estados respecto de las partes en procesos independentistas. Tanto de una parte como de otra se sacralizan símbolos, escudos, himnos y banderas por los que la gente está perfectamente dispuesta a matar o morir, y cuando religión y Estado se funden el cocktail explosivo es aún más aterrador.

Las hostiles medidas de competencia entre empresas estaría en una forma más «cilivizada» de enfrentamiento violento en el contexto de la sacralización de las marcas y el dinero.

La identificación del individuo con símbolos o grupos determinados con cierta afinidad o principios comunes forma parte de una base psicológica de aceptación que es innata en el ser humano, quien busca reconocerse en el otro, como cuando en un primer estadio de socialización se reconoce en el espejo siendo niño como otro yo, reflejo de uno mismo.

Llevada al extremo esta necesidad, el individuo puede llegar a sacralizar cualquier contexto en el que se sienta identificado y parte afín de sus inercias, como llega a ocurrir en el contexto de la aficción del fútbol u otros deportes o incluso de un club, asociación, grupo social de presión, vecinal o de determinada ideología o creencia, o un partido político.

 

Cuando ya no se distingue entre la individualidad y su identificación con una colectividad determinada nacen los fanatismos, las ideas de matar o morir por un credo, un decreto, una comunidad o por un juramento, luchar por un escudo, una bandera o un himno, competir desmediadamente inclusive hasta el entrampamiento o la falsedad por un escudo, un equipo, una marca, una empresa o un trofeo o fortuna.

 


 

 

De mi cuaderno Turquesa de dibujos, 2018

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