Mujer Araña

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Retratos Grises
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HISTORIAS DE LA MUJER ARAÑA

 

I.

“Mujer Araña”, tira de mí,

métete en tu red,

acaba con mi sufrimiento,

el sufrir de una cultura

próxima al fin inacabado de su propio deseo,

de un confinamiento, de un espacio,

el sufrir televisivo de las comparaciones y la oferta,

el estúpido sufrimiento competitivo y devoto

de nuestro actual vértigo de rivalidades visuales,

de banales perfeccionamientos físicos y materiales.

 

Al menos quedas tú, mujer araña,

esa breve parcela de placer,

falso símbolo de ti misma,

ese compañero de sendero que nos ata mansamente

al suelo de la esperanza,

pero… ¡vaya esperanza!,

estúpido semblante sonriente y dulcificante,

la máscara que es el mismo confinamiento del deseo y del abismo,

reflejo exacto de esa cultura de la seducción;

Mejor y desesperada es esta opción

de caer en tus redes,

mejor ser esclavo de tus hilos

que caer en un definitivo suicidio social, ¿o quizá no?

 

Mentirosa manipuladora,

es tu triste canción aprendida, de chantajista entrenada

la que cautiva para siempre

mi voluntad

con chantajes emocionales

o con la parálisis de una absorbente dedicación de amante perfecto,

de amo de casa, de galán de cine, de padre ejemplar…

 

 

II.

– “Mujer Objeto” se decía así misma,

así de desdichada se sentía…

tanto tiempo esperando

a ese príncipe de la pantalla,

ese apuesto y al tiempo rudo caballero de musculado canon,

del couché, del concurso,

de la gala, del concierto, del serial,…

Sólo había encontrado

parcelas de placer que no le parecieron

quizá suficientes.

 

– Sacrificada en una supuesta búsqueda ideal,

también acaso encuentre un día

algo para llenarlo,

sólo una nómina mediana y pañales,

lote vacío de conceptos:

el pago real por vivir en el mundo real.

 

– Mujer Araña, prisionera en tu red,

saca tus tijeras, rompe tus mentiras

y acelera tu pulso

hacia las primeras luces de un nuevo día.

 

 

III.

LA RED, otra vez…

no tengo suficiente aire ni suficiente espacio

y la mitigación emocional,

olfateada en el ámbito de lo existente,

me hace percibir otras miserias, los MIEDOS,

aquellos tan humanos,

tan frustrantes que salpican a todo nuestro género,

especialmente a los hombres… orgullosos, manipuladores;

y frente a ellos, a tí, la recientemente orgullosa MUJER:

el fruto manipulado y corrompido, atrapada en la red…

Esa red, otra vez.

 

Convertida en imperceptible instrumento pasivo una vez

y reconvertida en manifestante instrumento agresivo en un segundo asalto.

 

Más valdría gritar una, tres e infinitas voces,

revelando nuestros propios “yo”,

que chocarnos estrepitosamente

cuales incontrolables arietes emocionales continuadamente, diariamente,

contra el muro (cauto, diplomático, embriagador, deseable y oscuro) de nuestras propias lamentaciones.

¿Por qué no arrojar pues la droga humana de los instintos

lejos de nosotros?

La respuesta es siempre débil e injusta, dejándonos desprotegidos

en el quietismo y la comodidad del enfrentamiento facilón y pueril de los tópico y las herencias, de las inercias y las risitas facilonas o los dramas egocéntricos.

 

 

A ti MUJER… rasga la red otra vez más…

Extrae de ti la ira de tus “tijeras”,

pero sobre ti misma y tu género

y así, aunque sólo por unas horas,

seremos un poco más libres al amanecer, como hombre y mujer,

sin deudas, sin malas conciencias,

rompiendo mutuamente los ahogos de nuestros muros construidos de promesas y mentiras heredadas e interesadas, protectoras y aislantes,

LIBRES.

 

LA RED, otra vez…

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