Pasarela cotidiana

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Retratos Grises
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Pasarela cotidiana

(exaltación del poder Físico)

En esta sociedad completa y definitivamente volcada al culto al cuerpo y la presencia física, nuestro propio cuerpo y nuestra propia presencia se han convertido en nuestros principales enemigos, ¡Guerra sin cuartel a la celulitis!, ¡Fuera esas barrigas!, ¡Que se mueran los feos!, ¡Operación Bikini!

Estamos tan cegados por la obsesiva idealización y manipulación hacia la «perfección» de nuestros cuerpos que hemos olvidado nuestros cerebros de camino al gimnasio. En la realidad más profunda de nuestra idolatrada búsqueda de la aceptación colectiva nunca nos preocupó tanto el cambio climático o la corrupción política como la planicie de nuestro vientre. Nos han educado con intención interesada en la costumbre y la inercia de la cultura del aplauso y la aceptación, de la autocomplaciencia del sentirse deseado o admirado o incluso mejor: envidiado.

El Ego sin duda nos ha ganado la partida y somos presos de los instintos, traicionando así incluso a la evolución que en lentos ciclos de miles de años modeló nuestros cerebros a un nivel superior muy por encima y delante del resto de las especies pensantes, y ahora tan sólo nos dejamos llevar por la sacudida hedonista de la búsqueda autocomplaciente.

La calle, la oficina, la tienda, el mercado o, por supuesto, la playa, cualquier lugar o espacio es válido para lucir el último modelito y amortizar la mortificación del gimnasio. La sociedad actual vive su sueño de pasarela inducidos y alentados por películas, seriales, documentales, programas y concursos, revistas, videojuegos, anuncios publicitarios, blogs, redes sociales, etc… en los que se insiste en la búsqueda de la aceptación y el baño de multitudes siempre con argumentarios justificativos de salud, dietética, buenos hábitos, sanaciones emocionales y cualquiera sabe que más…

 


 

El País Congelado, en el cual la carne avejentada se camufla

escondiéndose en la trastienda de los iluminados de la bio-dietética,

los retocadores de las vergüenzas y los verdugos de los cuerpos.

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