Todo es mentira

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Retratos Grises
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Espumosa celebración,

es la invitación al repliegue,

destapa tu visión,

abre los ojos al circo

y esconde tu pan.

La máscara te espera,

así pues,

enciérrala en lo más profundo de un cajón

y tira la llave lo más lejos para siempre…

si no quieres quedar atrapado en el circo globalizado

del eterno optimismo teatralizado y humeante.

 


 

La era de la posverdad

Muchos teóricos hablan del concepto de posverdad contemporáneo, que viene a definir la crisis actual de la veracidad y la confianza en un mundo acelerado como nunca, en el que las relaciones tan dispares y complejas entre todas las caras de cualquier acontecer o contexto dificultan la visión completa del relato quedando éste parcelado, comunicado en acelerados fragmentos que hacen de nuestra percepción colectiva del mundo actual una costumbre perceptiva llena de medias verdades y medias mentiras que no acaban de completarse y concluirse. El concepto contemporáneo de posverdad se resume como la idea en «el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad». En la era de la apariencia material y sobre todo digital es algo sumamente intrínseco de nuestra época, la época en que la verdad ha sido superada.

La acelerada información digital junto con la masificación de voces y opiniones que vienen a distorsionar más si cabe el panorama de la veracidad, junto con la realidad virtual, la manipulación digital de imágenes, medios y vídeos, son todos los ingredientes propicios para el caldo de cultivo de la verdad superada, de una verdad a la carta según el medio, contexto, colectivo o intereses…

En este contexto teórico e interesadamente práctico la posverdad es hija del relativismo cultural y político vigentes. Cualquier inclusión de cotilleos o rumor pasajeros, puede hacer fluctuar la noticia de cualquier contexto o hecho social o histórico de importancia, dirigiendo interesadamente a la opinión pública hacia aspectos de los aconteceres en un principio imprevisibles o completamente ajenos a ellos. La importancia política de las publicaciones en redes sociales como Facebook o Twitter, la trascendencia de los posts y los likes en las campañas políticas, dan cuenta de todo esto.

La peligrosidad de la asunción colectiva de este entierro de la veracidad además de estar en la manipulación de la opinión y de la percepción, es también la de la fragmentación de la verdad que se esparce individual o grupalmente quedando así instaurado definitivamente el imperio del cada cual con su verdad, cada uno con su opinión.

¿Hay alguna verdad en un mundo donde cada uno tiene la suya?. Ésto que en principio resulta tan democráticamente aprobable, describe un mundo muy alejado de la confianza necesaria entre individuos y colectivos, estados y naciones, donde las tácticas de manipulación de la opinión de las masas está más cerca de su cenit de orquestación y consecución.

 

 

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